Caminando por el Globo

Testigo de algo grande en India: MOTIA KHAN

 

Sabía que no dejaría La India sin conocer personalmente Motia Khan. Ya lo conocía por fotos y a través de la redes sociales, aunque claro,no es lo mismo.

Pero vayamos al comienzo de esta historia: resulta que hay una argentina llamada Agostina Di Stéfano que vivió en India por tres años. Llego allí con su pareja y su hija, ya que él es economista y trabaja para médicos sin fronteras. “Él odia India y yo la amo” me contaba mientras viajábamos en Rickshaw hacia la escuela Motia Khan, ingresando a un barrio humilde de Nueva Delhi.

Ella con su pelo oscuro, su bindi entre las cejas, y su pollera estilo hindú hablaba en hindustani con todo el mundo, se sacaba fotos con aquellos que le pedían y se movía en Delhi como pez en el agua.

Mientras viajábajamos en el rickshaw nos contaba cómo comenzó Motia Khan. Cuando llegó a India no podía quedar indiferente frente a lo que veía y buscó la forma de poder ayudar. Comenzó en el año 2014 yendo a un Shelter con unas amigas francesas, un edificio abandonado tipo los monoblock de Argentina, donde vive la gente muy pobre hacinada, en malas condiciones de saneamiento, enferma, con mala alimentación y sin posibilidad de educación, analfabetos. La gente que vive allí son los dalit, los intocables de La India, los descastados, aquellos que no tienen ningún tipo de posibilidad dentro de aquella sociedad.

 

 

En un principio iban tres veces por semana, para dar desayuno, vitaminas, y hacer curaciones de primeros auxilios a la gente del shelter, aunque por la gravedad y situación de emergencia de estas PERSONAS ellas terminaban haciéndose cargo de situaciones incluso con de riesgo de vida.

Así fue que Agostina se involucraba cada vez más en este proyecto, veía que se podía ayudar mucho más a esta gente, que las necesidades eran demasiadas.

“Un día llevé lapices y cuadernos y ellos prácticamente no sabían lo que era”, me decía hablando entusiasmada mientras viajábamos. “Y ahí me di cuenta que podíamos enseñarles a leer y escribir y así formamos la escuela de Motia Khan. Primero en el shelter, pero cuando vean cómo es la escuela ahora van a ver que es un lujo, no lo van a poder creer”.

 

 

Y así cruzando entre los callejones, con las “cosas” típicas que uno ve en India, o en un barrio de Villa Celina, ni más ni menos, llegamos a la puerta de un edificio. Subimos unos pisos y entramos a un departamento donde funciona Motia Khan. Y era verdad, no podíamos creer que sea tan lindo, acogedor, limpio y con una energía tan pura.

Nos recibieron las mamás que estaban cocinando, con un vaso de agua fría. Y a ella obviamente con una fiesta tremenda, porque llega a Motia Khan irradia luz y amor entre esas paredes.

En la otra sala estaban en clase cuando llegamos porque era época de exámenes. Pero un poco más tarde se desocuparon y comenzaron a jugar con las maestras antes del almuerzo. En ese momento pudimos entrar a conocer a los chicos. Estaban todos sentados con las piernas cruzadas. Vimos desde un costado el juego, y a los cinco minutos entramos a participar del juego Agostina y yo. Yo ya conocía el juego, y me encanta. No se el nombre pero consiste que un participante sale, el resto se pone de acuerdo en quién será el líder. Entonces el líder comienza a hacer movimientos, que todos copian. Pero tiene que ir variando el movimiento y el participante que estaba afuera tiene que descubrir al líder con tres oportunidades.

 

 

Lo que nos divertimos no tiene nombre. Ver las caritas sonrientes y pícaras de los chicos me mataba de ternura.

La verdad es que esperaba ver nenes tristes, enfermos, descuidados y morir de tristeza, pero todo lo contrario, pude ver nenes limpios, cuidados, sanos, felices e inteligentes, y entendí que eso era gracias al trabajo que están haciendo allí. Me di cuenta que estaba siendo testigo de algo grande.

La idea era hacer el taller de globología con los chicos pero esa mañana se me rompió el inflador. De todos modos fui porque realmente quería conocer a Agostina, y Motia Khan. Y fue lo mejor que pude haber hecho porque la otra vez que regresé a Delhi estaban de vacaciones y no hubieses podido conocerlos.

 

 

Mientras los chicos comían, Agostina me señalaba un nene que a mi me encantaba y me mataba de ternura, era menudito y la ropa le quedaba grande, pero él tenía la sonrisa más brillante de la sala. me contó que cuando lo conoció tenía raquitismo, no podía caminar y tenía que arrastrarse. Lo llevaron al hospital y con un tratamiento de vitaminas se recuperó y se transformó en ese nene dulce y feliz que yo estaba viendo. Así deben haber millones de historias en Motia Khan. Y eso emociona.

Luego entró un torbellino de energía y gritos en Motia Khan. Eran las adolescentes. Cuando la vieron a Agostina los gritos aumentaron. Venían a su clase de teatro. Las noté distinta que al resto de las mujeres indias, ellas eran desinhibidas, eran mujercitas empoderadas. Saqué la mi cámara de FotoLIBRE y comencé a “sacar y dar” fotos con mi cámara instantánea. Estaban felices, todas querían tener su foto con Tina. Obviamente las maestras que están en Motia Khan desde el comienzo también se llevaron sus fotos y estaban contentísimas.

 

 

Aquí también conmueven sus historias. Una de las chicas, Shabina, super alegre y bella, tiene una historias por detrás muy dura. El futuro marido de la hermana la violó. Así, lisa y llanamente. Si ella no esta embarazada el matrimonio arreglado con su hermana seguirá su rumbo, de lo contrario ella tendrá que casarse con el violador. Son cosas terribles y difíciles de entender para nosotros, pero son cosas que pasan frecuentemente en India. Por suerte en Motia Khan les dan apoyo psicológico y tratan de intervenir para remediar este tipo de situaciones.

Tina nos contaba en inglés que Shabina es famosa porque subió una foto a instagram de ella y tenía más “me gusta” que cualquier otra. Y todos halagábamos su belleza y simpatía.

 

 

Otra de las chicas que llamaba la atención, por ser super desihibida y alegre, era una chica que no vestía con sari, la ropa que utilizan todas las mujeres en India, sino con jean, camisa y gorro. Tina nos contó que ella les dijo que le gustaba vestirse como varón, y por supuesto en Motia Khan la respetan y la ayudan a sentirse ella misma, y eso se nota.

 

Creo que cada persona en Motia Khan debe tener una dura historia de vida y de superación. Y eso es lo maravilloso de este espacio.

Las mujeres de Motia Khan también luchan día a día para superarse y empoderarse. Han creado una cooperativa, para hacer zapatitos, bolsitos, y esas cosas hermosas que se hacen en la India para vender. Pudimos ver las máquinas en la escuela y a la mujeres trabajando,

Es tanto lo que se hace allí, que emociona haber sido testigo de todo esto. Y me siento orgullosa que detrás de semejante proyecto haya una argentina tan involucrada práctica y sentimentalmente.

 

 

INFORMACIÓN SOBRE MOTIA KHAN

La página oficial en inglés de Motia Khan es: www.motiakhan.org

Si querés seguir las historias de Motia Khan, contactarte para ayudar o conocer la escuela pueden sumarse a la página de facebook Mujeres de Motia Khan. Allí venden las cosas que las mujeres cosen y comprando ya están ayudando un montón. Hacen envíos a todos lados.

Si quieren leer más historias de Motia Khan pueden hacer en el blog de Agostina Di Stefano o seguirla en instagram como @bonaerense para ver el día a día.

 

Si querés saber de qué se trata FotoLIBRE podés leer ¿Qué es FotoLIBRE? donde te mostramos un videito animado contando cómo surgió la idea de este proyecto social que llevamos en nuestras mochilas por Asia.

Si querés ir conociendo las historias y viendo las fotos instantáneas que tomamos día a día podés seguirnos en nuestra cuenta de Instagram @caminandoxglobo con el hashtag #FotoLIBRE o #FREEPics

 

¡Gracias Fuji Film Argentina por hacer posible todo esto y traernos tanta alegría tanto a nosotros como a quienes reciben las fotos!

 

 

 

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